
No ha sonado la alarma y ella, de rostro triste, cansado, ya está despierta, toma de la mesita de noche sus lentes de pasta para poder ver el reloj, indiferente, distante un día más solo significa nada, toma un breve baño, y aun soñolienta como todos los días, busca sus zapatos negros, su ropero lleno de colores tristes motivan su soledad, falda negra casi a las rodillas testigos fieles de su caminata diaria de casi 2 kilómetros para llegar a la oficina, justo allí al lado de la calle 6, la cafetería a la que suele ir siempre le espera.
-dígame en que puedo ayudarle
-un capuchino por favor
Hoy su mañana dejo de ser rutina, recibió la más calida sonrisa y la hizo parte de ella, descubriendo sin querer que en su capuchino había dibujado un corazón.
-que tenga un buen día, le dijo aquel chico de aspecto peculiar y mirada profunda.
No ha sonado la alarma y ella, de rostro triste, cansado ya está despierta, toma sus lentes de pasta para poder ver el reloj, indiferente, distante una día más solo significa nada, toma un breve baño, y aun soñolienta como todos los días zapatos negros, su ropero lleno de colores tristes motivan su soledad, falda negra casi a las rodillas, testigos fieles de su caminata diaria de casi 2 kilómetros para llegar a la oficina, justo allí al lado de la calle 6, como siempre la cafetería a la que suele ir le espera.
-Hola!!! le sirvo lo mismo
-Si, por favor
Hoy y no como ayer, busca el corazón en la espuma, una sonrisa tímida se acerca a su cara, se aleja pensando, se vuelve aun más pensativa, pero esta vez para variar un poco feliz, hoy se sorprendió riendo, hoy se sintió diferente a ella misma.
Hoy de mañana es diferente, nuevos ánimos la motivan, busca un bolso olvidado donde tiene algunas prendas que hace años no usa, blusa color verde quizás muy llamativa para ella pensaba, zapatos no de punta redonda como siempre, buscó los odiados los de taco alto que uso en una ocasión y que prometió jamás usar.
Se hizo un peinado diferente, no recordaba que tenía el pelo tan largo de tanto envolverlo a diario. Hoy la falda distanciaba de sus rodillas, se sorprendían de verse a si mismas
Y justo allí al lado de la calle 6, la cafetería a la que suele ir siempre le espera.
Busca el rostro de El, sus manos, no lo encuentra, da vueltas en el mostrador, rosa los rostros desconocidos, sin entender pregunta
-eeh disculpa
-si, en que le puedo ayudar?
-el joven que…
-a sii, fernando, ya no trabaja con nosotros, te puedo ayudar en algo?
Mientras le preguntaba, pudo ver en el capuchino de alguien mas el corazón, que en ella tanto cambio, movió, haciendo trizas emociones encontradas y deseos en su ser.
-le puedo ayudar en algo señorita
-no gracias, esta bien
No ha sonado la alarma y ella, de rostro triste, cansado ya está despierta, toma sus lentes de pasta para poder ver el reloj, indiferente, distante un día más solo significa nada, toma un breve baño, y aun soñolienta como todos los días zapatos negros, su ropero lleno de colores tristes que motivan su soledad, falda negra casi a las rodillas testigos fieles de su caminata diaria de casi 2 kilómetros para llegar a la oficina, justo allí al lado de la calle 6, la cafetería a la cual jamás volvió.
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